El Estado tiene obligaciones, no derechos

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Gaytán Alcalá: “El Estado tiene obligaciones, no derechos”

Laicidad. El catedrático mexicano, especialista en teoría social y metodología, favorece una sociedad en la que el Estado y las instituciones actúan y funcionan de manera independiente de la influencia religiosa y de la Iglesia

Escrito por: Arismendy Calderón (arismendy_ak47@hotmail.com)

Felipe Gaytán Alcalá coloca  el tema para un ardiente debate en las naciones latinoamericanas y reafirma su defensa de la laicidad para reafirmar los valores, los derechos y libertades, de manera que la Iglesia Católica y otras iglesias y grupos religiosos participen en términos de opinión pública y dogmas, sin imponer o inferir en las políticas públicas “porque esa es tarea de los ciudadanos y de la política, mas no de la religión”.

“El tema de la laicidad recobró mucho auge en América Latina en los últimos años, sobre todo por la presencia de muchas organizaciones religiosas en el espacio público, especialmente de la Iglesia Católica, que a nivel de Latinoamérica está generando una serie de posicionamientos, una presión en los estados nacionales, en temas de políticas públicas, de valores, de moral”.  Menciona los casos de Brasil, Argentina y México.

Para el investigador mexicano la laicidad es un tema que data del siglo 19 y es transversal en la actualidad. En algunas naciones latinoamericanas “lo hemos entendido como una función anticlerical, en primera instancia, o  como una separación Estado-Iglesia”.

La laicidad es mucho más que eso, apunta Gaytán Alcalá, pues persigue un régimen social de convivencia “donde la legitimidad es la voluntad general. Eso significa que la laicidad apela al compromiso y a la responsabilidad de los ciudadanos, no de los creyentes. Esa es la diferencia. Pueden participar las iglesias en el espacio público, puede haber incluso pronunciamientos, pero la decisión última, la toma de decisiones en políticas públicas, en la forma en que nos organizamos política y socialmente, corresponde a los individuos”.

Al final de cuentas, precisa, es el Estado el que tiene una legitimidad que se la dan los ciudadanos y, por tanto, la obligación del Estado “es tratar con ciudadanos, no con creyentes.  Esa es una diferencia esencial”. Gaytán Alcalá visitó recientemente el país y participó en  varias actividades sobre laicidad.

“El dilema en América Latina es que de alguna manera la historia y la presencia de la Iglesia Católica ha sido apabullante y se ha definido en gran parte la historia en esta extensión en que la Iglesia Católica busca una potestad sobre diferentes temas”.

Según Gaytán Alcalá, la gran paradoja de la Iglesia Católica  ha sido de avanzada en muchos aspectos, de combate a la pobreza, la justicia, la solidaridad, “pero cuando entra en temas relacionados con derechos sexuales, derechos reproductivos, la conciencia, ahí es donde empieza a tener problemas, empieza a retraerse”.

“El tema de la laicidad que planteamos va más allá de ser anticlerical, solamente separación, tiene que ver con la garantía de las libertades civiles, de las libertades cívicas, en la libertad de información, en la libertad de participación, la libertad de conciencia, la libertad de decisión y, por supuesto, la libertad religiosa que es una, entre otras, de las libertades laicas”.

Gaytán Alcalá enfoca el caso de República Dominicana  y lo compara con México, que tiene un 83 por ciento su población católica. Nuestro país, precisa, tiene alrededor de un 69 por ciento “que se pronuncian católicos”. Sitúa en un siete por ciento de ateos y  asegura que han crecido mucho las iglesias evangélicas y las protestantes.

“La gran paradoja del Estado dominicano es que en la Constitución se dice que es democrático-representativo. Sin mencionarlo, deja ver que es un estado laico, pero se contradice cuando tiene un Concordato, que es un beneficio, sobre todo en reconocimiento de privilegios, a una sola iglesia, la Católica”.

Iglesia, Política

La cuestión es, según el planteamiento que hace Gaytán Alcalá, que la Iglesia Católica tiene una participación en las políticas públicas y su visión “se está imponiendo a aquel porcentaje de la población que no es católico. Por tanto, el Estado debe garantizar la participación y la igualdad de los otros, no reconociendo a las otras iglesias, sino reconociendo a los ciudadanos”.

Despeja cualquier duda y explica que no sugiere sacar a la religión, sino que las organizaciones deben tener límites en su participación “porque una iglesia, por muy grande que sea, no representa a la religión. La religión es mucho más que eso: cultos, prácticas, creencias, fe, lo que quieras”.

¿Qué es lo que preocupa a la Iglesia Católica y a las iglesias evangélicas?, se le pregunta.

El intelectual contesta: “gente que son católicos y no van a misa y en la tarde hacen un ritual y en la noche leen el horóscopo”.

Para el investigador mexicano, los privilegios a la Iglesia católica tienen  su origen “por propia crisis de la política. La crisis de la política implica una devaluación de los políticos. Este juego de los políticos de tratar de legitimar que por cuestiones de corrupción, de autoritarismo, una serie de elementos que han desmeritado a los políticos  en América Latina”.

Muchos políticos,  precisa Gaytán Alcalá, intentan ganar la legitimidad supuesta que tienen los jerarcas, “sobre todo la Iglesia Católica, en esta imagen impoluta que tienen obispos y cardenales”.

De modo que los políticos tienden a acercarse a la jerarquía (en este caso la católica), “pensando que pueden hacer esa transferencia de legitimidad para ellos, halar un poco de esa aura de santidad para ellos,  también ser creíbles y confiables”.

Pero el problema es que los políticos,“al acercarse a la jerarquía católica, independientemente de que sean católicos o no, no se dan cuenta de que en realidad la legitimidad no procedía de ellos, no era ni siquiera de Dios, era de los ciudadanos, y en lugar de quedarse con los ciudadanos, escogen a los jerarcas”.

Entiende  que la gente no transfiere la legitimidad de la iglesia a los políticos y que la legitimidad de la  propia iglesia, “como iglesia, no como religión”, se ve cuestionada. “Entonces, por eso se entiende que tenga una serie de privilegios, como el Concordato”.

Esto implica soportar a un Estado, “más una camarilla de políticos que buscan cómo ser creíbles frente a una ciudadanía que supuestamente es la que se deben, pero en la realidad no le responden”.

El protagonista

Felipe Gaytán Alcalá  es  originario de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México

Especialista en teoría social y metodología, estudió la Licenciatura en Sociología en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades en la Universidad de Guadalajara. Obtuvo el grado de Maestro en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO, sede México) y el grado de Doctor por el Centro de Estudios Sociológicos, de el Colegio de México. Actualmente es editor del Boletín LIBELA de la Red Iberoamericana para las Libertades Laicas y Director de la Revista del Centro de Investigación de la Universidad La Salle.

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